Subida a la Sierra de las Cabras

La recompensa a la subida es llegar a un espacioso y verde prado llamado Hoyo de Juan Díaz. Una dolina formada por la erosión de esta sierra caliza.

Es una ruta corta pero con una pendiente bastante pronunciada. El coche se puede estacionar fácilmente en el aparcamiento del Hotel La Yedra, allí nos podemos abastecer todo el año de agua fresca en la Fuente La Yedra.
El camino, que está señalizado con hitos de piedra, discurre por un fuerte repecho, por lo que en poco tiempo cogeremos altura y tendremos unas generosas vistas de campos cerealistas, olivares, pinares y la Vega de Antequera con su Peña de los Enamorados. La recompensa a la subida es llegar a un espacioso y verde prado llamado Hoyo de Juan Díaz. Una dolina formada por la erosión de esta sierra caliza.

La ruta: Paso a paso

Desde la Fuente la Yedra andamos unos 800 metros por carretera poniendo la vista a la derecha buscando unas torres eléctricas situadas en la subida. Una vez divisadas nos saldremos de la carretera en dirección a la primera torre.

Comenzamos la subida por un carril estrecho señalizado con hitos de piedra. La pendiente va in crescendo, siendo la parte última la más dura.

Los caminos marchan siempre muy cercanos a las torres de alta tensión, por lo que si nos salimos de la senda, nada más tenemos que mirar a estos “grandes hitos de metal”.

Antes de llegar a la cumbre de esta ladera por la que subimos, el camino se desvía a la derecha, llegando ya a una zona llana y pedregosa desde donde, a medida que nos acercamos a nuestro destino, divisaremos a la izquierda los cortados de la subida al pico Cabra (1283 metros), y frente a nosotros el Pico Yedra con 1264 metros.

La recompensa está cerca y ya divisamos desde lo alto la impresionante vega del Hoyo de Juan Díaz. Una parada en este punto es obligatoria, rodeados de lirios y matagallos, vemos a lo lejos el curioso bosque de olmos salpicado de majuelos, laderas verdes, cortados de roca caliza y el arroyo de la Yedra.

Para la merienda y el merecido descanso qué mejor sitio que la parte alta de la pradera. Y si el calor aprieta, andamos unos metros para refugiarnos a la sombra de un olmo o bajo el cobijo en algún recoveco de la zona de rocas tras el bosque.

Longitud :

3,60 kms, (ida)

Dificultad :

Media

Punto más elevado :

1.110 metros

Punto más bajo :

732 metros

Tipo de ruta :

Lineal

¿Por qué te va a gustar?

Esta ruta tiene muchos y variados encantos. Para los amantes del senderismo y los paisajes es ideal por las panorámicas, los picachos calizos, la enorme pradera de Juan Díaz. Los interesados en botánica disfrutarán de arces, majuelos, chaparros, numerosas plantas rupícolas en los tajos, preciosas peonias y muy abundantes lirios en los muchos pequeños prados que tiene esta sierra. Sorprende sobre todo el pequeño bosquete de olmos que crece en la parte sombría de la torca de Juan Díaz. Para los que van buscando “bichos”, pueden avistar aves como el colirojo tizón, collalba rubia, verdecillos, pardillos, roquero solitario, escribanos, suelen sobrevolar buitres leonados, o tener la suerte de cruzarnos con la majestuosa águila culebrera. Fiel a su nombre, casi con toda seguridad nos toparemos con pequeños grupos de cabra montés o algún jabalí o zorro.

A tener en cuenta ...

A pesar de estar clasificada como de dificultad baja por su corta duración, es necesario señalar que la gran parte de la ruta tiene una pendiente bastante pronunciada, por lo que requiere de un mínimo de forma física.

Los primeros metros de la ruta, hasta llegar a la gasolinera, caminamos por una vía de servicio por la que circulan vehículos, por lo que tenemos que estar atentos a nuestras espaldas. Es una sierra en la que fácilmente entran nubes y pueden formarse tormentas con mucho viento. Infórmate del tiempo antes de subir. La época más recomendable para visitarla es sobre todo en una primavera lluviosa; por el verdor de los pastos, la gran cantidad de lirios que crecen y sobre todo por la idílica estampa del arroyo de la Yedra discurriendo por el Hoyo de Juan Díaz. El otoño también nos regalará los espinos pelados de hojas y repletos de sus frutos, (majuelas) o los retorcidos olmos cubiertos de líquenes.

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