Angosturas del río Guadalmina (Benahavís)

Ricardo Pastor

Cuando los calores del verano aprietan en la provincia de Málaga y queremos salir al campo, toca buscar rincones de espeso arbolado que nos proporcionen sombra, a ser posible cerca de la orilla de algún riachuelo o arroyo, o bien optar por refrescarnos en pozas de agua dulce en los numerosos ríos que nacen en las sierras malagueñas y desembocan en la Costa del Sol. El río Guadalmina, en Benahavís, alberga, en uno de sus tramos, uno de los rincones más espectaculares, junto con el río Chillar, para hacer una ruta acuática. Pero ojo, al contrario que en el popular Chillar, en este, buena parte del recorrido se hace nadando por hondas pozas encajonadas en pasillos de piedra caliza.

Pasaje escarbado por el río

 

Angostos pasillos en el recorrido. / Foto Ricardo Pastor

El Guadalmina es un corto río de apenas 28 kilómetros que nace en Sierra Bermeja y vierte en Marbella. En este tramo, el río ha formado un impresionante barranco relativamente sencillo de descender para casi todo el público que sepa nadar y desenvolverse entre piedras mojadas, que, aunque son escurridizas, lo son menos al ser piedra caliza. Tiene un agarre mejor que otras como el granito, al que se adhiere el verdín y son mucho más peligrosas para andar.

El punto de partida se encuentra poco antes de llegar a Benahavís. El tramo comienza en la charca conocida por la “Charca de las mozas”, allí se accede bajando por unas escaleras.
Este recorrido fluvial tiene dos alicientes principales, el primero es el ir bien fresquito nadando y andando por aguas limpias, y el otro es el paisaje por donde nos adentramos tan frescos. Recovecos oscuros por donde tenemos que agachar la cabeza para continuar chapoteando, grandes espacios abiertos en forma de semi-caverna, pasillos de agua encajonada, y en el cielo un bosque de pinos que sobresalen del barranco por donde flotamos. Como colofón del recorrido nos aguarda una amplia poza final con una zona de playa de arena para tomar el sol. También veremos un puente de madera que nos permite cruzar el río y tener una buena perspectiva del lugar.

Puente de madera al final del descenso. / Foto Ricardo Pastor

Al ser un paraje con tanto jaleo en época estival, hace que sea difícil la observación de fauna. Quizás si llegamos a una hora temprana o al ocaso, podríamos ver bajar a beber cabras montesas, jabalíes, zorros, meloncillos, tejones, etc. No menos fácil será el avistamiento de aves. Son muchas las especies de paseriformes (pajarillos), que anidan y descansan en este río. Carboneros, verdecillos, jilgueros, oropéndolas, abubillas o el pico picapinos. Bosque de pino mediterráneo, adelfas en las orillas junto con sauces, lentiscos o el bonito culantrillo colgando de las rocas más húmedas son parte de la vegetación que nos podemos encontrar. Es también un muy buen lugar para los aficionados a los odonatos (libélulas), el curso de este río alberga un buen número de especies diferentes.

El mayor problema en época veraniega es el poco aparcamiento que existe en los laterales de la carretera. A ser posible, se desaconseja visitarlo los fines de semana, llega a masificarse en demasía y ello crea problemas y molestias a la fauna y flora de la zona. Hay que tener en cuenta que, si estamos nosotros, afecta a los animales de alrededor, no les dejamos bajar a beber, les molestamos con el ruido, dejamos desperdicios, contaminamos el agua con las cremas protectoras, pisamos y cortamos plantas. Si disfrutamos de la naturaleza, debemos hacerlo con todo el respeto a otros habitantes, nosotros no vivimos allí, ellos sí.

La masificación en verano es el mayor problema de este enclave. / Foto Ricardo Pastor
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